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NUNCA MADRID FUE TAN BELLA
Hoy es quince de mayo, hoy es San Isidro. De nuevo, como en tantos años, como en tantos siglos. Es dificil amar Madrid, incluso en días como este San Isidro. Madrid nunca será París, ni Nueva York, ni Londres. Madrid nunca será Roma ni Praga, ni Los Ángeles o Berlín. Porque no es fácil amar Madrid. Porque quererla es amar sus defectos, sus calles sucias, su gente esquiva, sus basuras, sus atascos. Querer a Madrid es aceptarla como es, lo que no significa que no te gustara colocarla ante un espejo y adornar de carmín rojo los labios de sus calles, peinar sus parques, maquillar de colorete sus teatros, afirmar el escote de portales y de esquinas. 
Pero es que Madrid si fuera mujer nunca sería Grace Kelly o Audrey Hepburn, y si fuera hombre se distinguiría bastante de Gary Cooper o aquel llamado Cary Grant. Madrid es Ava Garder saliendo de Chicote con una cogorza del quince para salir dos horas despues del Palace vestida de animal más bello del mundo. Madrid es golfa como Sinatra, como Jack Sparrow. Madrid no es que no sea bella, es que es una mujer fatal que te roba el corazón tras echarte el humo de su cigarrillo emboquillado en un atasco en la M-30. 
Y hoy, San Isidro, debo recordar cuando creo que Madrid fue más bella. Y para mí, nunca Madrid fue tan bella como cuando quisieron destruirla. Nunca sus calles tuvieron tanta atracción como cuando se llenaron de escombros y sangre, de dolor y lucha, de sudor, orgullo y ganas de gritar “no pasarán”. Durante la Guerra Civil, Madrid resistió con su gente a quien queria quitarle esa belleza. Le quisieron quitas las ganas de vivir a base de bombas, hasta 36 toneladas algún día. Le quisieron borrar las curvas que delimitaban exactamente las mismas libertades de las que disfrutamos ahora. La quisieron violar y fue violada, pero siempre dijo no. Fue siempre bella bajo el humo, bajo los aviones alemanes, italianos y franquistas, bajo el metal, bajo el infierno. Nunca fue más bella que en el dolor de sus madres y hermanos, que en los ándenes de metro repletos de niños esperando a que dejarán de llover los odios.  
Madrid fue bella porque en aquellos San Isidros seguia siendo libre, porque la gente sabía a que jugaba, a que sufría, que esperaba tras las líneas de la Ciudad Universitaria, porque comprendía perfectamente que luego tendría que ir cabeza abajo y corazón arriba a los muros de la Almudena, a desviar balas antes de que se estrellaran en la piedra. Porque sabían que pasaría después lo que pasó, ni más ni menos. Que para besarse habría que ir a estaciones de tren, que para quejarse a Francia, que para escribir esconderse, que para soñar habría que esperar. Y Madrid fue bella porque no hincó las rodillas, se las partieron a bombas. Y Madrid fue hermosa porque la maquillaron de “pasamos” y de Días de la Victoria, y la obligaron a exhibirse, pero nunca dejó de ser Madrid.  Y se que es extraño, y que algunos pensaran que no vale la pena recordar, mover la mierda. Pero es tan simple como que para mi nunca mi ciudad fue tan hermosa y plena como cuando le dijo al mundo: no pasarán, y se puso de pie, y cerro los puños. Y entonces, entonces mi ciudad fue Gary Cooper en Sólo ante el Peligro. Y me siento muy orgulloso y agradecido de que defendiera de esa manera todo aquello en lo que creo. Ese es mi Madrid.

NUNCA MADRID FUE TAN BELLA

Hoy es quince de mayo, hoy es San Isidro. De nuevo, como en tantos años, como en tantos siglos. Es dificil amar Madrid, incluso en días como este San Isidro. Madrid nunca será París, ni Nueva York, ni Londres. Madrid nunca será Roma ni Praga, ni Los Ángeles o Berlín. Porque no es fácil amar Madrid. Porque quererla es amar sus defectos, sus calles sucias, su gente esquiva, sus basuras, sus atascos. Querer a Madrid es aceptarla como es, lo que no significa que no te gustara colocarla ante un espejo y adornar de carmín rojo los labios de sus calles, peinar sus parques, maquillar de colorete sus teatros, afirmar el escote de portales y de esquinas.

Pero es que Madrid si fuera mujer nunca sería Grace Kelly o Audrey Hepburn, y si fuera hombre se distinguiría bastante de Gary Cooper o aquel llamado Cary Grant. Madrid es Ava Garder saliendo de Chicote con una cogorza del quince para salir dos horas despues del Palace vestida de animal más bello del mundo. Madrid es golfa como Sinatra, como Jack Sparrow. Madrid no es que no sea bella, es que es una mujer fatal que te roba el corazón tras echarte el humo de su cigarrillo emboquillado en un atasco en la M-30.

Y hoy, San Isidro, debo recordar cuando creo que Madrid fue más bella. Y para mí, nunca Madrid fue tan bella como cuando quisieron destruirla. Nunca sus calles tuvieron tanta atracción como cuando se llenaron de escombros y sangre, de dolor y lucha, de sudor, orgullo y ganas de gritar “no pasarán”. Durante la Guerra Civil, Madrid resistió con su gente a quien queria quitarle esa belleza. Le quisieron quitas las ganas de vivir a base de bombas, hasta 36 toneladas algún día. Le quisieron borrar las curvas que delimitaban exactamente las mismas libertades de las que disfrutamos ahora. La quisieron violar y fue violada, pero siempre dijo no. Fue siempre bella bajo el humo, bajo los aviones alemanes, italianos y franquistas, bajo el metal, bajo el infierno. Nunca fue más bella que en el dolor de sus madres y hermanos, que en los ándenes de metro repletos de niños esperando a que dejarán de llover los odios. 

Madrid fue bella porque en aquellos San Isidros seguia siendo libre, porque la gente sabía a que jugaba, a que sufría, que esperaba tras las líneas de la Ciudad Universitaria, porque comprendía perfectamente que luego tendría que ir cabeza abajo y corazón arriba a los muros de la Almudena, a desviar balas antes de que se estrellaran en la piedra. Porque sabían que pasaría después lo que pasó, ni más ni menos. Que para besarse habría que ir a estaciones de tren, que para quejarse a Francia, que para escribir esconderse, que para soñar habría que esperar. Y Madrid fue bella porque no hincó las rodillas, se las partieron a bombas. Y Madrid fue hermosa porque la maquillaron de “pasamos” y de Días de la Victoria, y la obligaron a exhibirse, pero nunca dejó de ser Madrid.  Y se que es extraño, y que algunos pensaran que no vale la pena recordar, mover la mierda. Pero es tan simple como que para mi nunca mi ciudad fue tan hermosa y plena como cuando le dijo al mundo: no pasarán, y se puso de pie, y cerro los puños. Y entonces, entonces mi ciudad fue Gary Cooper en Sólo ante el Peligro. Y me siento muy orgulloso y agradecido de que defendiera de esa manera todo aquello en lo que creo. Ese es mi Madrid.

 
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