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PLAYLISTS EN BANCOS DE MADERA
Juntamos aquellos dos bancos de madera en aquella plaza que a veces era campo de fútbol y otras, campo de sueños. Allí, en aquel mini Bernabeu, fuimos pichichis, zamoras, butragueños, inventores del famoso regate al columpio por detrás con salto sobre el niño, y del pase de tacón sobre la pared  de la señora que nos pedía por favor que no levantáramos tanto polvo. Ella no sabia que aquello era la final de la liga de esa tarde, ni nosotros lo que jode tener que elegir entre limpiar el polvo o cerrar la ventana en Madrid en pleno mes de junio.
Y en aquellos bancos fuimos más cosas todavía. Fuimos jugadores de mus, ganadores de grande, dos a pares y 15 a juego si lleváis, perdedores de chicas sin necesidad ni de envidar, arregladores de mundos que ni siquiera comprendíamos, buscadores de fantasías entre futuros que siempre eran del color que nosotros elegíamos. Hacíamos citas para el año 2000 en la Puerta del Sol, y nos parecía todo tan lejano como hermoso. Nadie caería, nadie fallaría, todos estaríamos allí, por que el único problema que pudiera haber es que nuestros padres nos nos dejarán, y en el 2000 tendríamos ta y tantos, y un trabajo que te cagas, y un local de música, y al final no habría ningún final que no decidiéramos nosotros.
Y de vez en cuando, cantábamos canciones. Canciones aprendidas de memoria, con sabor a quedar a las siete y media en el banco, a ¿sabes si va Fulanita?, a mirar al futuro cuando tan sólo significa si este viernes vamos a Bravo Murillo al cine, pero al Crystal o al Lido, y luego nos podemos tomar una tortilla en Nebraska.
Fueron muchas, muchas canciones, pero no se porqué, me acuerdo especialmenre de Calle Melancolía

PLAYLISTS EN BANCOS DE MADERA

Juntamos aquellos dos bancos de madera en aquella plaza que a veces era campo de fútbol y otras, campo de sueños. Allí, en aquel mini Bernabeu, fuimos pichichis, zamoras, butragueños, inventores del famoso regate al columpio por detrás con salto sobre el niño, y del pase de tacón sobre la pared  de la señora que nos pedía por favor que no levantáramos tanto polvo. Ella no sabia que aquello era la final de la liga de esa tarde, ni nosotros lo que jode tener que elegir entre limpiar el polvo o cerrar la ventana en Madrid en pleno mes de junio.

Y en aquellos bancos fuimos más cosas todavía. Fuimos jugadores de mus, ganadores de grande, dos a pares y 15 a juego si lleváis, perdedores de chicas sin necesidad ni de envidar, arregladores de mundos que ni siquiera comprendíamos, buscadores de fantasías entre futuros que siempre eran del color que nosotros elegíamos. Hacíamos citas para el año 2000 en la Puerta del Sol, y nos parecía todo tan lejano como hermoso. Nadie caería, nadie fallaría, todos estaríamos allí, por que el único problema que pudiera haber es que nuestros padres nos nos dejarán, y en el 2000 tendríamos ta y tantos, y un trabajo que te cagas, y un local de música, y al final no habría ningún final que no decidiéramos nosotros.

Y de vez en cuando, cantábamos canciones. Canciones aprendidas de memoria, con sabor a quedar a las siete y media en el banco, a ¿sabes si va Fulanita?, a mirar al futuro cuando tan sólo significa si este viernes vamos a Bravo Murillo al cine, pero al Crystal o al Lido, y luego nos podemos tomar una tortilla en Nebraska.

Fueron muchas, muchas canciones, pero no se porqué, me acuerdo especialmenre de Calle Melancolía

LA CASA DE LOS MIL SUEÑOS Y EL ÚLTIMO BESO
Siempre he pensado que esa casa se merecía una buena historia, una de esas de leer de un tirón, de las que te tienen enganchado de la primera a la última página, de las que dice Ojazos que la cuesta despedirse. A veces me quedaba observándola desde la acera de enfrente. Es vieja, surcada de arrugas sus terrazas en forma de grietas, y en cada grieta un sueño que se quedó enganchado allí mientras dormían en ella. Tiene muchas grietas, así que quizás fueron mil sueños, o dos mil, o tres millones. Que alguien me enseñe a contar sueños. Un amor imposible entre vecinos, sellado por miradas de rellano y de soslayo en la escalera. Envidias traicioneras entre el cuarto y el segundo por un quítame allá esas luces que no encienden. Cientos de pasiones en sus camas, de rutinas, de ya está la cena y quítame la mesa, plánchate la camisa y plánchatela tú si es que eres tan hombre, a mi no me hables así, yo te hablo como me sale de los ovarios… Y hay una maleta más en la puerta y un inquilino menos en la escalera, y Doña Rosa aprenderá a vivir sola, y a enseñar a coser y a coser para la señora de la casa grande esquina Goya, hasta que la duelan los dedos de tanto intentar llenar la olla los días de diario y a invitar a sus hijos a una cañita (ella una clara con limón) los fines de semana. Y está el chico del tercero, el que supo que le gustaban los hombres el mismo día que aquel policia de ojos imposibles le pidió el carnet en el portal y un beso en el descansillo, aunque eso significo que Conchita le viera y tuviera que irse. Porque su madre lo entendía, pero el nunca había soportado verla llorar. Y aquel chileno del último piso, que decia que había sido amigo de Neruda y secretario de Allende, y que doblaba las esquinas casi por arte de magia, porque decía que así se habían llevado a sus amigos, y que de cualquier esquina te podía venir un billete al Estadio. Y él podia tener alma de poeta, pero no de futbolista. Mil sueños, mil risas cada mes, un kilo de abrazos al dia, más lágrimas de las que una sola persona pudiera soportar, y por eso si alguien lloraba, parecían ponerse tristes todos. Todo esto es mentira, o verdad, no lo se. Sólo se que sus arrugas me dicen que es viejo y que está cansado. Y quiero pensar que le ha merecido la pena pasarse por aqui.
Y pensar también que antes que la derriben para hacer otro edificio, que vivirá de otra forma pero no tendrá terrazas y si mucho cristal, con piscina cubierta, garaje y cámara en el portero, que volverán allí la pareja del segundo derecha, José y Carmina, y se pondrán como yo a mirar la que fue su casa de los sueños y de sus hijos, y se darán el último beso delante del portal, de esos apasionados que sólo sabia dar el Gary Grant o a lo sumo Gary Cooper, y se lo dedicarán a las arrugas que son las mismas que aparecen en su caras.

LA CASA DE LOS MIL SUEÑOS Y EL ÚLTIMO BESO

Siempre he pensado que esa casa se merecía una buena historia, una de esas de leer de un tirón, de las que te tienen enganchado de la primera a la última página, de las que dice Ojazos que la cuesta despedirse. A veces me quedaba observándola desde la acera de enfrente. Es vieja, surcada de arrugas sus terrazas en forma de grietas, y en cada grieta un sueño que se quedó enganchado allí mientras dormían en ella. Tiene muchas grietas, así que quizás fueron mil sueños, o dos mil, o tres millones. Que alguien me enseñe a contar sueños. Un amor imposible entre vecinos, sellado por miradas de rellano y de soslayo en la escalera. Envidias traicioneras entre el cuarto y el segundo por un quítame allá esas luces que no encienden. Cientos de pasiones en sus camas, de rutinas, de ya está la cena y quítame la mesa, plánchate la camisa y plánchatela tú si es que eres tan hombre, a mi no me hables así, yo te hablo como me sale de los ovarios… Y hay una maleta más en la puerta y un inquilino menos en la escalera, y Doña Rosa aprenderá a vivir sola, y a enseñar a coser y a coser para la señora de la casa grande esquina Goya, hasta que la duelan los dedos de tanto intentar llenar la olla los días de diario y a invitar a sus hijos a una cañita (ella una clara con limón) los fines de semana. Y está el chico del tercero, el que supo que le gustaban los hombres el mismo día que aquel policia de ojos imposibles le pidió el carnet en el portal y un beso en el descansillo, aunque eso significo que Conchita le viera y tuviera que irse. Porque su madre lo entendía, pero el nunca había soportado verla llorar. Y aquel chileno del último piso, que decia que había sido amigo de Neruda y secretario de Allende, y que doblaba las esquinas casi por arte de magia, porque decía que así se habían llevado a sus amigos, y que de cualquier esquina te podía venir un billete al Estadio. Y él podia tener alma de poeta, pero no de futbolista. Mil sueños, mil risas cada mes, un kilo de abrazos al dia, más lágrimas de las que una sola persona pudiera soportar, y por eso si alguien lloraba, parecían ponerse tristes todos. Todo esto es mentira, o verdad, no lo se. Sólo se que sus arrugas me dicen que es viejo y que está cansado. Y quiero pensar que le ha merecido la pena pasarse por aqui.

Y pensar también que antes que la derriben para hacer otro edificio, que vivirá de otra forma pero no tendrá terrazas y si mucho cristal, con piscina cubierta, garaje y cámara en el portero, que volverán allí la pareja del segundo derecha, José y Carmina, y se pondrán como yo a mirar la que fue su casa de los sueños y de sus hijos, y se darán el último beso delante del portal, de esos apasionados que sólo sabia dar el Gary Grant o a lo sumo Gary Cooper, y se lo dedicarán a las arrugas que son las mismas que aparecen en su caras.

TÚ ERES EL MEJOR BLOGGER DEL MUNDO
Es de noche. Es una verdad tan absoluta como que necesito estar vivo para poder escribir esto que lees. Mis dedos pasan de una tecla a otra y en la pantalla se crean puntos de luz. De color negro. Como el cielo de esta noche. No nos conocemos personalmente. Quizás nunca lo hagamos. No se tu aspecto, ni tu sexo, ni tu religión o ideología. No se tu plato favorito ni porque te gusta mirar el cielo o tocar el agua de las fuentes. Y sin embargo, aquí estamos unidos por unos puntos de luz. De color negro. Como el cielo. De esta noche.
Ahora imaginemos. ¿Por que no? Imaginar todavía no tiene impuestos añadidos, y es la forma más barata de viajar. Tienes un blog. Es tu manera de expresar algo que tienes dentro de tí. Tu aspecto, tu sexo, tu religión, tu ideología, tu plato favorito, que miras al cielo porque una vez lo miraste escuchando junto a ella una cinta de Deep Purple que siempre terminaba por enrollarse cuando ya no importaba que lo hiciera. Que tocas el agua de las fuentes porque te gusta sentir frío en las manos, y porque te hace sonreír pensando en como el Toto, el Kiko, el Pistas, el Chiqui y tu mojabais a la gente en la plaza, para salir luego por patas, mientras pensabais lo fácil que era comerse el mundo. Nadie me podrá contar eso como tú. Nadie podrá crear con sus dedos los puntos negros que cuenten tu historia. Nadie sabe de ti lo que tú. Asi que ahora se quien eres.
Eres el mejor blogger del mundo.

TÚ ERES EL MEJOR BLOGGER DEL MUNDO

Es de noche. Es una verdad tan absoluta como que necesito estar vivo para poder escribir esto que lees. Mis dedos pasan de una tecla a otra y en la pantalla se crean puntos de luz. De color negro. Como el cielo de esta noche. No nos conocemos personalmente. Quizás nunca lo hagamos. No se tu aspecto, ni tu sexo, ni tu religión o ideología. No se tu plato favorito ni porque te gusta mirar el cielo o tocar el agua de las fuentes. Y sin embargo, aquí estamos unidos por unos puntos de luz. De color negro. Como el cielo. De esta noche.

Ahora imaginemos. ¿Por que no? Imaginar todavía no tiene impuestos añadidos, y es la forma más barata de viajar. Tienes un blog. Es tu manera de expresar algo que tienes dentro de tí. Tu aspecto, tu sexo, tu religión, tu ideología, tu plato favorito, que miras al cielo porque una vez lo miraste escuchando junto a ella una cinta de Deep Purple que siempre terminaba por enrollarse cuando ya no importaba que lo hiciera. Que tocas el agua de las fuentes porque te gusta sentir frío en las manos, y porque te hace sonreír pensando en como el Toto, el Kiko, el Pistas, el Chiqui y tu mojabais a la gente en la plaza, para salir luego por patas, mientras pensabais lo fácil que era comerse el mundo. Nadie me podrá contar eso como tú. Nadie podrá crear con sus dedos los puntos negros que cuenten tu historia. Nadie sabe de ti lo que tú. Asi que ahora se quien eres.

Eres el mejor blogger del mundo.

CRUZARTE CON ASESINOS
No queremos pensar. El mundo no es ese lugar seguro que nos enseñaron. Pippi Calzaslargas ya no tiene coleta y probablemente haya cambiado su calzas por una medias de rejilla negras y a su caballo por un 4×4 plateado de origen coreano. Ese tipo de la esquina puede estar tomándose el café de después de pegar a su mujer y aquel otro que le acaba de pedir fuego busca niños desnudos en internet mientras su mujer se la pega con el carnicero. Esa rubia viene del gimnasio y va al hotel porque hoy si le da tiempo a burlar la vigilancia horaria de su marido para acostarse con el que realmente ella cree que la desea, aunque en realidad hoy la va a decir que no pueden verse más porque no puede perder más clases de padel, aunque sea la compradora compulsiva de bolsos de chanel que tiene como esposa la que ponga como excusa. La chica de los zapatos rojos sabe que hoy necesita dinero para sus pastillas, o si no no podrá aguantar más mirarse al espejo cada día. Mickey Mouse es un alto ejecutivo y luce su aleta de armani al lado de las orejas de diamante. El Coyote ha sido despedido por hacer exactamente lo que le pedian, ser inutil en coger al Correcaminos, y no leer la letra pequeña de su contrato ACME. De los ocho que bastaban, 4 ya no tienen nada, 2 son adictos al valium y demás antidepresivos, a otro le llevan de gira en gira y el octavo ha firmado para ser guarda de Guantánamo. Es mejor no pensar, es mejor seguir mirando este lado del espejo. Es mejor soñar. Es mejor escribir estos puntos negros y refugiarse en cosas bellas. Es mejor no doblar las esquinas e intentar no contar con cuantos asesinos nos cruzamos por la calle.

CRUZARTE CON ASESINOS

No queremos pensar. El mundo no es ese lugar seguro que nos enseñaron. Pippi Calzaslargas ya no tiene coleta y probablemente haya cambiado su calzas por una medias de rejilla negras y a su caballo por un 4×4 plateado de origen coreano. Ese tipo de la esquina puede estar tomándose el café de después de pegar a su mujer y aquel otro que le acaba de pedir fuego busca niños desnudos en internet mientras su mujer se la pega con el carnicero. Esa rubia viene del gimnasio y va al hotel porque hoy si le da tiempo a burlar la vigilancia horaria de su marido para acostarse con el que realmente ella cree que la desea, aunque en realidad hoy la va a decir que no pueden verse más porque no puede perder más clases de padel, aunque sea la compradora compulsiva de bolsos de chanel que tiene como esposa la que ponga como excusa. La chica de los zapatos rojos sabe que hoy necesita dinero para sus pastillas, o si no no podrá aguantar más mirarse al espejo cada día. Mickey Mouse es un alto ejecutivo y luce su aleta de armani al lado de las orejas de diamante. El Coyote ha sido despedido por hacer exactamente lo que le pedian, ser inutil en coger al Correcaminos, y no leer la letra pequeña de su contrato ACME. De los ocho que bastaban, 4 ya no tienen nada, 2 son adictos al valium y demás antidepresivos, a otro le llevan de gira en gira y el octavo ha firmado para ser guarda de Guantánamo. Es mejor no pensar, es mejor seguir mirando este lado del espejo. Es mejor soñar. Es mejor escribir estos puntos negros y refugiarse en cosas bellas. Es mejor no doblar las esquinas e intentar no contar con cuantos asesinos nos cruzamos por la calle.

UN ÚLTIMO ENCARGO
El cigarrillo rubio se consume en el cenicero. La mirada también, perdida en el escenario donde el pianista toca una canción perdida. Su dueño jamás la encontraría allí. La luz no merece ese nombre y el humo podría ser teñido para hacer cortinas. De castillo. De telón. Está seguro que alguien está llorando en algún rincón. Es un buen sitio para esconderse. Quizás por eso le gusta tanto. La persona más cercana está a menos de dos metros de distancia y a mil pensamientos de sus brazos. El whisky es malo, pero él nunca ha entendido de whiskys. Siempre ha entendido de miradas. Miradas duras pero quebradizas. Miradas de “no dispares”. Miradas clavadas una a una. Suena otra canción perdida. Lo mismo no sería mala idea disparar al pianista, y que las canciones escaparan buscando a sus dueños. Sonrie pensando la cara que pondrían al abrir la puerta y descubrir a la canción que perdieron hace tantos años. Una vez observó la última mirada de un compositor. La mirada le llevó a una sucia partitura. Quizas la estuviera tocando en su mente. Pero no cree que la hubiera pensado terminando en el sonido de una bala rompiendo su cabeza. Normalmente la calidad del whisky mejora con la cantidad, pero hoy le parece peor segun va terminando los vasos. Alguien se lleva los vacíos y trae otro medio lleno. Debe esconderse detrás de las cortinas de humo. Podría hacer lo mismo con las miradas. Está haciendo tiempo, y sabe que eso no funciona en su trabajo. Es tarde. La muerte pesa en la chaqueta como si tuviera forma de pistola, o quizás debiera pensar la frase del revés. Cuando la toca piensa en lo mucho que le gustaría recordar una mirada limpia, una caricia leve, un café caliente, una tierna sonrisa, una frase amable, un taxista callado, una calle con lluvia, un lento paseo, un amanecer de fiesta, un silencio lleno de palabras o el sencillo olor de un libro recién impreso. Pero sólo está la pistola. Y está claro que es una pistola antisueños. Sabe que es la hora. Es su trabajo, y no puede llegar tarde. Asi que apura el whisky, saca la muerte de su chaqueta y la apoya en la frente pensando que esta vez no sabrá como será la mirada que se lleva por delante la pistola.

UN ÚLTIMO ENCARGO

El cigarrillo rubio se consume en el cenicero. La mirada también, perdida en el escenario donde el pianista toca una canción perdida. Su dueño jamás la encontraría allí. La luz no merece ese nombre y el humo podría ser teñido para hacer cortinas. De castillo. De telón. Está seguro que alguien está llorando en algún rincón. Es un buen sitio para esconderse. Quizás por eso le gusta tanto. La persona más cercana está a menos de dos metros de distancia y a mil pensamientos de sus brazos. El whisky es malo, pero él nunca ha entendido de whiskys. Siempre ha entendido de miradas. Miradas duras pero quebradizas. Miradas de “no dispares”. Miradas clavadas una a una. Suena otra canción perdida. Lo mismo no sería mala idea disparar al pianista, y que las canciones escaparan buscando a sus dueños. Sonrie pensando la cara que pondrían al abrir la puerta y descubrir a la canción que perdieron hace tantos años. Una vez observó la última mirada de un compositor. La mirada le llevó a una sucia partitura. Quizas la estuviera tocando en su mente. Pero no cree que la hubiera pensado terminando en el sonido de una bala rompiendo su cabeza. Normalmente la calidad del whisky mejora con la cantidad, pero hoy le parece peor segun va terminando los vasos. Alguien se lleva los vacíos y trae otro medio lleno. Debe esconderse detrás de las cortinas de humo. Podría hacer lo mismo con las miradas. Está haciendo tiempo, y sabe que eso no funciona en su trabajo. Es tarde. La muerte pesa en la chaqueta como si tuviera forma de pistola, o quizás debiera pensar la frase del revés. Cuando la toca piensa en lo mucho que le gustaría recordar una mirada limpia, una caricia leve, un café caliente, una tierna sonrisa, una frase amable, un taxista callado, una calle con lluvia, un lento paseo, un amanecer de fiesta, un silencio lleno de palabras o el sencillo olor de un libro recién impreso. Pero sólo está la pistola. Y está claro que es una pistola antisueños. Sabe que es la hora. Es su trabajo, y no puede llegar tarde. Asi que apura el whisky, saca la muerte de su chaqueta y la apoya en la frente pensando que esta vez no sabrá como será la mirada que se lleva por delante la pistola.

TENER MIEDO A PERDER
Todos tenemos miedo. Miedo de perder las cosas que nos rodean, que nos abrigan, que nos hacen dar un paso tras otro. Se que no es bueno vivir con miedo. Pero a veces lo tengo. Imagino que a todo el mundo le pasa. Imagino que todo el mundo se para un momento y siente que se le agarra algo al estómago y piensa que tiene miedo de perder algo querido. Pero también es bueno tener conciencia de lo que puedes perder. No está mal, de vez en cuando, pensar en las cosas que puedes perder, para poder apreciarlas mejor. Quizás sea el motivo de pensar esta noche en que perdería sin Ojazos durmiendo a mi lado. Perdería sus ojos inmensos, que por algo pongo yo los alias, a ver que pensáis. Ella es la única persona capaz de reir con ellos, de decir cosas que necesitarian miles de palabras y momentos. Tan sólo en una mirada, en un segundo. Perdería las mañanas de los días de fiesta en las que se despierta medio dormida y abarco todo mi mundo al abrazarla, acurrucada en un minuto entre mis brazos, cuando noto el calor de la cama entre su cuerpo y el mio. Perdería la persona con la que mejor se habla en este mundo, con la que siempre tienes que parar la conversación sin terminarla, porque hay que dar de comer a los niños, o se hace tarde. Perdería su manera de ver las cosas, de parar los pies a parte de mi cerebro y mi alma, haciéndolos indudablemente mejores de lo que son. Perdería tantas cosas que no se cual me haría mas daño. Su cuerpo, sus besos, su manera de andar, su pelo entre mis dedos, su sexo entre mis labios, sus segundos en los mios. Pero, dejémoslo, casi que ya está bien por hoy de tener miedo, que tampoco hay que pasarse… Mañana es viernes y habrá mucho que disfrutar, y no quiero perderme nada.

TENER MIEDO A PERDER

Todos tenemos miedo. Miedo de perder las cosas que nos rodean, que nos abrigan, que nos hacen dar un paso tras otro. Se que no es bueno vivir con miedo. Pero a veces lo tengo. Imagino que a todo el mundo le pasa. Imagino que todo el mundo se para un momento y siente que se le agarra algo al estómago y piensa que tiene miedo de perder algo querido. Pero también es bueno tener conciencia de lo que puedes perder. No está mal, de vez en cuando, pensar en las cosas que puedes perder, para poder apreciarlas mejor. Quizás sea el motivo de pensar esta noche en que perdería sin Ojazos durmiendo a mi lado. Perdería sus ojos inmensos, que por algo pongo yo los alias, a ver que pensáis. Ella es la única persona capaz de reir con ellos, de decir cosas que necesitarian miles de palabras y momentos. Tan sólo en una mirada, en un segundo. Perdería las mañanas de los días de fiesta en las que se despierta medio dormida y abarco todo mi mundo al abrazarla, acurrucada en un minuto entre mis brazos, cuando noto el calor de la cama entre su cuerpo y el mio. Perdería la persona con la que mejor se habla en este mundo, con la que siempre tienes que parar la conversación sin terminarla, porque hay que dar de comer a los niños, o se hace tarde. Perdería su manera de ver las cosas, de parar los pies a parte de mi cerebro y mi alma, haciéndolos indudablemente mejores de lo que son. Perdería tantas cosas que no se cual me haría mas daño. Su cuerpo, sus besos, su manera de andar, su pelo entre mis dedos, su sexo entre mis labios, sus segundos en los mios. Pero, dejémoslo, casi que ya está bien por hoy de tener miedo, que tampoco hay que pasarse… Mañana es viernes y habrá mucho que disfrutar, y no quiero perderme nada.

DOÑA PAQUITA
Doña Paquita agarra el bolso un poco más fuerte y se pega a la puerta los escasos centímetros que le permite la casi total ocupación del vagón de metro. Se la ve intranquila por la presencia a su lado, que ella presume extranjero; que los españoles para ella se parecen a Alfredo Landa, como su marido, o a Antonio Banderas como el marido de su hija Cuqui, la pequeña, no a esos jugadores de baloncesto que tienen nombres raros y dibujos en la piel.
Y no es que ella sea racista, no. Hasta ha dejado de guardar cada día en un sitio diferente el dinero cuando viene María, la chica que le limpia, y ya lo deja sin temor en donde siempre, aunque lo vuelve a contar cada vez que se va. Al fin y al cabo, ha demostrado ser una buena chica, hace una paella para chuparse los dedos y no se ha quejado como otras de trabajar sin contrato. Eso es lo que hay, la dijo, y ella tan contenta.
No, ella no es racista. Sólo le dijo a su hija que no le parecía bien que su nieto jugase con aquellos ecuatorianos, que la envidia es muy mala, y como seguro que aquellos pobrecitos casi no tenían que comer, lo mismo le robaban algo, al pobre chaval. Incluso, piensa mientras agarra con más fuerza el bolso, ha dejado de mirar las vueltas que le da el nuevo ayudante del carnicero, que le parece que es rumano de esos.
Eso sí, Doña Paquita hay dos cosas que no entiende. Que den la nacionalidad española a gente que todavía no sabe hablar bien el español (pero como van a ser igual que ella, que nació en el mismísimo Barrio donde vivió Quevedo), y que con tanta crisis y paro que dicen que hay, siga viendo a tanta gente de otros paises trabajando en su Madrid.
El hombre a su lado, acostumbrado a Doñas, Señoras, Agarres de bolso, Miradas de lado y demás gente de malvivir, sólo se resigna y sonríe. Juan Carlos tiene 40 años, dos niños, dos abuelos que ya nacieron en España, un trabajo como aparejador, y la piel oscura. Como se bajará en la próxima estación, no podrá ver como a Doña Paquita le quita el bolso un chaval de 17 años, español de pura cepa y residente en Chamberí, aunque Doña Paquita juraría que le había oído hablar en italiano, ruso, o lo que sea eso que hablen en Rumanía.

DOÑA PAQUITA

Doña Paquita agarra el bolso un poco más fuerte y se pega a la puerta los escasos centímetros que le permite la casi total ocupación del vagón de metro. Se la ve intranquila por la presencia a su lado, que ella presume extranjero; que los españoles para ella se parecen a Alfredo Landa, como su marido, o a Antonio Banderas como el marido de su hija Cuqui, la pequeña, no a esos jugadores de baloncesto que tienen nombres raros y dibujos en la piel.

Y no es que ella sea racista, no. Hasta ha dejado de guardar cada día en un sitio diferente el dinero cuando viene María, la chica que le limpia, y ya lo deja sin temor en donde siempre, aunque lo vuelve a contar cada vez que se va. Al fin y al cabo, ha demostrado ser una buena chica, hace una paella para chuparse los dedos y no se ha quejado como otras de trabajar sin contrato. Eso es lo que hay, la dijo, y ella tan contenta.

No, ella no es racista. Sólo le dijo a su hija que no le parecía bien que su nieto jugase con aquellos ecuatorianos, que la envidia es muy mala, y como seguro que aquellos pobrecitos casi no tenían que comer, lo mismo le robaban algo, al pobre chaval. Incluso, piensa mientras agarra con más fuerza el bolso, ha dejado de mirar las vueltas que le da el nuevo ayudante del carnicero, que le parece que es rumano de esos.

Eso sí, Doña Paquita hay dos cosas que no entiende. Que den la nacionalidad española a gente que todavía no sabe hablar bien el español (pero como van a ser igual que ella, que nació en el mismísimo Barrio donde vivió Quevedo), y que con tanta crisis y paro que dicen que hay, siga viendo a tanta gente de otros paises trabajando en su Madrid.

El hombre a su lado, acostumbrado a Doñas, Señoras, Agarres de bolso, Miradas de lado y demás gente de malvivir, sólo se resigna y sonríe. Juan Carlos tiene 40 años, dos niños, dos abuelos que ya nacieron en España, un trabajo como aparejador, y la piel oscura. Como se bajará en la próxima estación, no podrá ver como a Doña Paquita le quita el bolso un chaval de 17 años, español de pura cepa y residente en Chamberí, aunque Doña Paquita juraría que le había oído hablar en italiano, ruso, o lo que sea eso que hablen en Rumanía.

TÚ Y YO SOMOS POLVO DE ESTRELLAS
Tú y yo somos polvo de estrellas. Tu eres Hepburn y yo Tracy, yo soy Gable, tu eres Lombard. Dialogamos en cabañas como Johnny Guitar y la Crawford, miénteme y dime que me quieres. Nos amamos mientras se cae su mundo y el nuestro se hunde como la chica de las pastillas tristes y el viejo aquel de las orejas. Nos citamos en lugares imposibles y tu me cuidas mientras yo hago fotografías indiscretas. Buscamos un tiempo donde nada nos haga daño, y donde tus pies de gato ni siquiera toquen el zinc caliente. Tu eres Bacall, yo soy Bogart, yo soy Grant y tu eres Kelly. Tu dominas el trigo egipcio desde tus ojos inmensos y yo dejo a tus pies un imperio como Marco Antonio Burton. Nunca pasaras hambre y a mi me importa un bledo mientras me sigas mirando. De aquí a la eternidad, Ojazos, sólo somos polvo de estrellas.

TÚ Y YO SOMOS POLVO DE ESTRELLAS

Tú y yo somos polvo de estrellas. Tu eres Hepburn y yo Tracy, yo soy Gable, tu eres Lombard. Dialogamos en cabañas como Johnny Guitar y la Crawford, miénteme y dime que me quieres. Nos amamos mientras se cae su mundo y el nuestro se hunde como la chica de las pastillas tristes y el viejo aquel de las orejas. Nos citamos en lugares imposibles y tu me cuidas mientras yo hago fotografías indiscretas. Buscamos un tiempo donde nada nos haga daño, y donde tus pies de gato ni siquiera toquen el zinc caliente. Tu eres Bacall, yo soy Bogart, yo soy Grant y tu eres Kelly. Tu dominas el trigo egipcio desde tus ojos inmensos y yo dejo a tus pies un imperio como Marco Antonio Burton. Nunca pasaras hambre y a mi me importa un bledo mientras me sigas mirando. De aquí a la eternidad, Ojazos, sólo somos polvo de estrellas.

ERAMOS HOMBRES LOCOS Y VALIENTES
Eramos hombres locos y valientes. De aquello no había ninguna duda. Si no lo hubiéramos sido, jamás habríamos aceptado hacer aquel viaje que nos propuso El Viejo. Atravesamos alguno más de siete mares, alguno de ellos, más de uno, al que incluso tuvimos que poner nombre. Perdimos hombres buenos, como El Callao o El Portugues, ahogado mientras la tormenta calibraba las ganas que teníamos de llegar a nuestro destino. Pasamos sed, hambre, calor, frío, angustia y casi ninguna esperanza. Las espadas y los cañones cansados, las velas jirones, la madera llena de agujeros. Pero eramos la tripulación del Argonauta, y nuestro capitán era El Viejo. Y voto a bríos que todo mereció la pena cuando vimos a nuestro capitán arrodillarse delante de aquella sirena de ojos eternos y pedirla su mano para terminar sus días de pirata en aquella isla que Dios seguro que no había visitado nunca.

ERAMOS HOMBRES LOCOS Y VALIENTES

Eramos hombres locos y valientes. De aquello no había ninguna duda. Si no lo hubiéramos sido, jamás habríamos aceptado hacer aquel viaje que nos propuso El Viejo. Atravesamos alguno más de siete mares, alguno de ellos, más de uno, al que incluso tuvimos que poner nombre. Perdimos hombres buenos, como El Callao o El Portugues, ahogado mientras la tormenta calibraba las ganas que teníamos de llegar a nuestro destino. Pasamos sed, hambre, calor, frío, angustia y casi ninguna esperanza. Las espadas y los cañones cansados, las velas jirones, la madera llena de agujeros. Pero eramos la tripulación del Argonauta, y nuestro capitán era El Viejo. Y voto a bríos que todo mereció la pena cuando vimos a nuestro capitán arrodillarse delante de aquella sirena de ojos eternos y pedirla su mano para terminar sus días de pirata en aquella isla que Dios seguro que no había visitado nunca.

LA TRISTEZA DEBERÍA ESTAR PROHIBIDA EN MAYO
La tristeza se te mete como el agua de lluvia. La tristeza te envuelve en una manta vieja mientras te recuestas en el sillón y todo baja de volumen y la luz muere un poquito. La tristeza se disuelve en el aire y llena tus pulmones, y la respiras y sólo sueltas aire. La tristeza se cuelga de las cortinas y hace atardeceres de todos los minutos. La tristeza se descuelga del techo y ocupa el suelo y siempre pisas hojas con versos tristes escritos. La tristeza es lo más fiel porque no se va nunca con nadie, sólo se esconde, se agazapa, se encoge. Y entonces vuelve a lomos de aquella canción, de aquella foto, de este recuerdo. La tristeza duele, duele dentro, donde no hay esquinas para esconderse. La tristeza es sólo nuestra, porque nadie la entiende, nadie la posee como cada uno de nosotros. La tristeza se disfraza, te cautiva, te engaña, te molesta, te acompaña, te seduce, te enamora a veces. La tristeza es pesada como el Loctite cuando se te pega en un dedo y no puedes hacer nada por quitarla. La tristeza es como querer ir al servicio en medio de un viaje y no hay gasolineras a la vista. La tristeza es nuestra. La tristeza debería estar prohibida en mayo.

LA TRISTEZA DEBERÍA ESTAR PROHIBIDA EN MAYO

La tristeza se te mete como el agua de lluvia. La tristeza te envuelve en una manta vieja mientras te recuestas en el sillón y todo baja de volumen y la luz muere un poquito. La tristeza se disuelve en el aire y llena tus pulmones, y la respiras y sólo sueltas aire. La tristeza se cuelga de las cortinas y hace atardeceres de todos los minutos. La tristeza se descuelga del techo y ocupa el suelo y siempre pisas hojas con versos tristes escritos. La tristeza es lo más fiel porque no se va nunca con nadie, sólo se esconde, se agazapa, se encoge. Y entonces vuelve a lomos de aquella canción, de aquella foto, de este recuerdo. La tristeza duele, duele dentro, donde no hay esquinas para esconderse. La tristeza es sólo nuestra, porque nadie la entiende, nadie la posee como cada uno de nosotros. La tristeza se disfraza, te cautiva, te engaña, te molesta, te acompaña, te seduce, te enamora a veces. La tristeza es pesada como el Loctite cuando se te pega en un dedo y no puedes hacer nada por quitarla. La tristeza es como querer ir al servicio en medio de un viaje y no hay gasolineras a la vista. La tristeza es nuestra. La tristeza debería estar prohibida en mayo.